ÁREA MÉDICA
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La educación desde la infancia es la más rentable que puede existir

Fecha de publicación: 20/03/2008


Es uno de los rostros más conocidos cuando se habla de salud en España. Este periodista asturiano lleva trabajando más de 30 años en temas relacionados con la divulgación científica y médica. Su programa televisivo "Más vale prevenir" marcó un punto de inflexión en la forma de abordar los temas de salud en los medios de comunicación, y se mantuvo ocho años en antena. En la actualidad es colaborador de varios medios (Telecinco, Canal Sur, Diez Minutos...) y ha escrito numerosos libros. Los más recientes son "La nutrición a su alcance" y "Guía de la alimentación".



Infancia Segura: Usted es el autor de la frase que dio título a su célebre e histórico programa televisivo (estuvo once años en antena): "Más vale prevenir". Cuando se habla de niños, ¿en qué grado se hace más importante la prevención?
Respuesta:
El programa tomo el nombre del conocido refrán, porque lo que se pretendía era destacar la labor preventiva sobre cualquier otra. Por eso en el programa no se hablaba de síntomas ni de tratamientos, sino del funcionamiento de un órgano y como se podía evitar que la enfermedad le afectase. En relación a los niños, y en general, creo que lo más importante es que todos, desde el principio, adoptemos una mentalidad de prevención; que no es una mentalidad de miedo, sino de reconocimiento de los peligros que existen alrededor y de la forma de afrontarlos. La única manera de tratar de resolver un problema parte de reconocer que existe. Por desgracia hay que decir que el accidente casi nunca es accidental. Y que el mejor tratamiento para todo es la prevención. En los niños hay que tener ese especialísimo cuidado frente a los accidentes y, desde luego, en crearles esa mentalidad que después les acompañará toda la vida.

IS: ¿Mantener una dieta equilibrada es también una medida de prevención?
R: Sin duda. Y empezando desde pequeños. Como dicen muy bien los pediatras, con lo que se sabe ahora, los niños de este siglo deberán ser adultos sin enfermedad cardiovascular , por ejemplo. Porque la dieta puede ser el gran arma de la prevención , como lo es el ejercicio físico.


IS: ¿Cómo pueden los padres, en materia de alimentación, competir con las hamburguesas, y la bollería industrial, comida poco sana pero muy atractiva para los niños?
R: Con la educación y con la costumbre. Mire, hay una frase que siempre me llamó la atención y es de la directora de Salud Pública de la Organización Mundial de la Salud, la Dra. Neira. Cuando hablamos de cómo podíamos enseñar a los niños a comer pescado y verduras me dijo simplemente: "Un niño japonés come pescado crudo y le gusta". Luego, no es por ser niño, sino por estar educado en ese ambiente. En una casa donde todos los días se coma ensalada, el niño comerá ensalada. Es cuestión de educar desde la infancia, que es la educación más rentable que puede existir. Ellos tienen que saber que la hamburguesa o la bollería debe ser la excepción y no la regla.

IS: Le pregunto sobre nutrición, porque sabemos que ha escrito varios libros sobre este tema. ¿Cuál sería la dieta ideal para un niño?
R: No lo digo yo, lo dicen los especialistas de la Sociedad Española de Pediatría: la dieta de un niño sano debe contar con unas 2.500 calorías repartidas en varias comidas. El desayuno debe comprender entre un 20 ó 25 por ciento del total de las calorías diarias que ingiere el niño. Un desayuno sano debe comprender: una pieza de fruta o un zumo, un vaso de leche (hasta los 21 años debemos beber medio litro al día de leche o derivados) y una tostada con aceite. Sabemos que todo lo que se toma a primera hora de la mañana se pierde antes de llegar al mediodía, nos dijo el Dr. Ardura. Las otras comidas que nunca deben faltar en la dieta durante la infancia son una a media mañana, el almuerzo, la merienda y la cena, procurando que entre todas ellas el niño consuma los aportes necesarios de hidratos de carbono no refinados, vitaminas, proteínas y grasas. La dieta debe de adaptarse conforme el niño vaya creciendo y su actividad diaria vaya incrementando.

IS: Usted es un profesional de los medios de comunicación. ¿Es partidario de la "tolerancia cero" a la hora de decidir cuántas horas al día pueden ver los niños la televisión?
R: Me gustaría que así fuera, pero debemos ser conscientes de que la TV se ha convertido en la moderna señorita de compañía. Es una batalla perdida. Lo que sí debería considerarse “obligatorio” para los padres sería enseñarles a ver las televisión. Enseñar los trucos de los guiones: que sepan que el protagonista se muere, porque pide mucho dinero por seguir en la serie. O que el que escala una montaña no es el primero, si no que el cámara debe estar ya arriba. Es decir, verla con ellos y explicarles que esas proezas son montajes, para desmitificarla. Que tengan bien asumido que todo eso que ven es un cuento, muy bien contado; pero un cuento.

IS: ¿Qué opina sobre los nuevos canales de comunicación: móviles, internet....? ¿A qué edades puede iniciarse a los chavales en su uso?
R: Es difícil, porque lo que no se puede negar es la evolución de la sociedad. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Como tantas veces se dice, el problema esta en la dosis. Que se familiaricen con las nuevas tecnologías es bueno. Pero sin abusar. Y desde luego, estableciendo una educación básica para que naveguen por la red con criterio. Esa es labor de padres que se debe basar mas en educar que en prohibir.

IS: ¿Cómo se puede combatir el uso de móviles a edades tempranas si el ejemplo que reciben es que todo el mundo tiene uno?
R: Un poco está relacionada la pregunta con la anterior. Los móviles pueden ser muy útiles comos seguridad para ellos, para que se comuniquen no solo con sus amistades, sino con nosotros. Pero hay que enseñarles el uso correcto , no compulsivo y constante. Educar , en una palabra , que literalmente proviene del latín educere, ir con. Acompañar, enseñar, mejor que prohibir.

IS: ¿Qué preocupa más: las nuevas tecnologías y el mal uso que se pueda hacer de ellas, la pobre alimentación de los niños y jóvenes de hoy, o la falta de concienciación entre los padres de los peligros que corren los niños (no es extraño escuchar que "nosotros no estábamos tan protegidos y aquí estamos"?
R:
Cada civilización tiene sus problemas. Nosotros tenemos ese riesgo de las nuevas tecnologías que quizá nos asusten mas de lo que deberían, porque llegamos a ellas siendo adultos. Pero como problema me parece mas serio el de la alimentación. Ellos irán evolucionando con la sociedad de la información, pero difícilmente va a evolucionar de la misma manera la alimentación y el organismo. Y en cuanto a los peligros sostengo lo mismo: vivir es, si duda, una aventura de alto riesgo y nuestra labor debe ser acompañar, ir con ellos, enseñarles en lo posible la alimentación, el uso de las nuevas tecnologías y explicarles la sociedad en que les ha tocado vivir. En nuestra época el peligro (como ahora) era el mundo de la droga. Bueno, pues tenemos que ser conscientes de que ellos van a convivir con la droga, que la van a tener cerca, queramos o no. Por eso lo importante es enseñarles que la droga esta ahí y cuáles son los problemas serios, reales, que puede tener su consumo. Ése es el problema. Que el mundo es cada vez mas complejo y que quizá nosotros no tenemos una formación suficiente para abordar esa complejidad.

IS: El exceso de información también provoca la desinformación. ¿Qué consejo le daría a esa madre que acaba de tener un hijo y que ha leído casi todo sobre niños y seguridad pero está desorientada?
R: Hablando de salud, siempre me gusta insistir en que lo ideal es OCUPARSE de ella; pero no PREOCUPARSE. La preocupación ya pone un punto de inquietud que no es sano. Ocuparse, ser consciente de que hay que prevenir, que la seguridad es una mentalidad, y que la formación en todos los aspectos es básica. Eso es lo importante. Como he dicho varias veces a lo largo de esta charla, debemos asumir el papel de educadores en el sentido mas estricto. Con amor, por supuesto, con cariño; pero también con autoridad. Y a esa madre le diría simplemente, que se ocupe y que cuando vaya al pediatra, le manifieste todas sus inquietudes. Que confíe en él.


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