ÁREA DE
SEGURIDAD
También te puede interesar...
Seguridad familiar


Enganchados a las pantallas




A lo sumo se oye el alarido remoto de un personaje de ficción cuando uno de los miembros de la familia que está ciberconectado se quita los auriculares de las orejas. En la mesa nadie habla entre sí. Padre y madre están atentos al telenoticias del televisor. El hijo mayor no para de mandar mensajes con su móvil. El pequeño no suelta su maquinita de videojuego...


La escena puede parecer exagerada pero es real como la vida misma. En muchas casas de la nueva sociedad digital las familias han enmudecido. Es el silencio de la ciberfamilia. Ciertamente estamos enganchados a las pantallas. (Con este mismo título, Enganchados a las pantallas, publiqué con el pedagogo Ignasi de Bofarull, un interesante libro que le permitirá saber más sobre este tema).

La cuestión de fondo no está en si las pantallas en general son dañinas o beneficiosas para nuestros menores. Todo dependerá del buen uso o mal abuso que hagan de ellas. Lo que es evidente es nuestros hijos ya nacen en una sociedad ciberconectada, de la cual hemos de saber sacar todo el provecho posible y evitar “enganches” desde los primeros años de vida.

Cuando los niños son bebés e inician su proceso de aprendizaje para irse desarrollando y madurando mentalmente lo tienen complica en este mundo mediático. No sólo tienen que procesar en su cerebro las formas, contornos y objetos más inmediatos de su habitación o decodificar e imitar los sonidos y gestos de los adultos o sus hermanos, sino que, además, tienen que vérsela con una caja luminosa situada en un lugar destacado del hogar (a menudo entronizada como un icono sagrado en el lugar preferente de la casa) en la que unas figuras saltan, bailan, ríen, gritan, se besan y acarician, se destrozan unas a otras, exigen la compra de determinadas comidas y juguetes...

La televisión es el más grande agente sociabilizador que haya existido jamás (aunque ahora internet ya le va quitando clientela). Ella ha reemplazado en muchos casos a la familia, institución básicamente transmisora de afectos y modelos de vida, y a la escuela, institución transmisora de conocimientos, porque, a menudo y por desgracia, ninguna de las dos instituciones transmite valores para la plena integración social de las personas. Al fin de cuentas, los mensajes televisivos no hacen más que llenar el vacío de información que les deja la sociedad.


Ver la televisión se ha convertido, después de dormir, en la principal actividad de la vida del niño occidental. Como la influencia de la televisión sobre los niños está en función del tiempo que pasan viéndola y del efecto acumulativo de lo que ven, resultará que, cuando sean adultos, la televisión habrá sido su experiencia más activa y variada, por lo que el mundo expuesto en la pantalla (incluyan aquí al ordenador y a los videojuegos) se convierte para muchos en el ambiente natural, en una nueva realidad, en su mundo real.

La Asociación Americana de Pediatría, y entre nosotros la Asociación Española de Pediatría (AEP), están alertando a los padres de que los niños por debajo de los tres años no pueden estar delante de ninguna pantalla. Porque se ha demostrado que la estimulación audio-visual continuada puede alterar la maduración cerebral de los menores, predisponiéndoles, por ejemplo, a desarrollar un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). O sea que “la niñera electrónica” ya está proscrita: tolerancia cero.

Es urgente tomarse muy en serio la supervisión del tipo de pantallas que consumen nuestros hijos y del tiempo que dedican a ellas. El ordenador ha de estar en un lugar de la casa a la vista de todos: rincón de la sala de estar, repisa en el pasillo, etc. El televisor también en un lugar comunitario: prohibido en la habitación de los niños. El videojuego limitado a tiempos prefijados por los padres. El móvil que sirva fundamentalmente para comunicar cosas necesarias... Evitemos que se creen ciberadictos.

Los padres y cuidadores habituales de los niños no deben olvidar que sus propios hábitos con las pantallas serán adoptados por los menores que tienen a su cargo. Hay que saber apagarlas a tiempo para poder hacer otras cosas, quizás más enriquecedoras para toda la familia.

Termino este artículo con la original aportación que encontré un día en un portal de internet (Encuentra.com), en una sección de valores y reflexiones, que se titulaba “Oración de un niño”, y que retrata perfectamente la importancia que conceden algunas familias al medio televisivo. Decía así:



“Señor, esta noche te pido algo especial: conviérteme en televisor.

Quisiera ocupar su lugar, para poder vivir lo que vive el televisor en mi casa. Tener un sitio especial para mí. Congregar a todos los miembros de mi familia a mi alrededor. Ser el centro de atención al que todos quieren escuchar, sin ser interrumpido ni cuestionado. Que me tomen en serio cuando hablo. Sentir el cuidado especial e inmediato que recibe el televisor cuando algo no funciona. Tener la compañía de mi papá cuando llega a casa aunque venga cansado del trabajo. Que mi mamá me busque cuando esté sola y aburrida, en lugar de ignorarme. Que mis hermanos se peleen por estar conmigo. Divertirlos a todos aunque a veces no les diga nada. Vivir la sensación de que lo dejan todo por pasar algunos momentos a mi lado.

Señor, no te pido mucho, todo esto lo vive cualquier televisor”.
Para saber más sobre este tema:

Listado de articulos