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Íntimos diálogos materno fetales




No hace muchos años se creía que el feto dentro del útero no se enteraba de nada. Tenía vida, pero era puramente vegetativa. Hasta que en la década de los setenta, un psiquiatra canadiense, Thomas Verny, empezó a recoger datos y se empecinó en que el feto tenía su propia psicología. Y así puso las bases de lo que luego sería la psicología prenatal. Junto con otro autor, John Kelly, publicó en 1991 un impactante libro: La vida secreta del niño antes de nacer.


En su momento, su lectura me impresionó porque hablaba de cuestiones que antes nadie se había planteado. Estos autores apuntaban, por ejemplo, que existe algo semejante a la conciencia en el producto de la concepción. Que, incluso, el óvulo fecundado tiene suficiente conciencia de sí mismo para sentir si es deseado o rechazado por sus progenitores... (¿Podría ser ésta la explicación de los abortos espontáneos en mujeres sanas, en los que el óvulo decidiera por sí mismo autoeliminarse?). Aquí le dejo con estos inquietantes dilemas intrauterinos.

Seguro que en el claustro materno pasan cosas importantes que aún no conocemos con exactitud. Quizá tendrían que ilustrarnos artistas visionarios, como es el caso de Dalí. Porque en su sensacional obra escrita Vida secreta de Salvador Dalí, la genialidad imaginativa del pintor ampurdanés se expresa en estos términos: "Mis recuerdos personales del período intrauterino son extraordinariamente lúcidos y detallados, identifico este período con el paraíso".

El óvulo fecundado siente si es deseado o rechazado

Un paso adelante en la divulgación de este misterio de la vida, lo dio una película televisiva y en DVD: el documental de National Geographic Channel que presentó en el 2005, titulado "En el vientre materno". Impresionantes sus imágenes inéditas de la gestación. Podemos ver el feto en momentos muy singulares, cómo sonríe, cómo abre los ojos y parpadea, cómo succiona sus pulgares (haciendo "la pipa") o cómo salta y brinca dentro del útero (¿de gozo?).

Pero, a parte de estos maravillosos descubrimientos de lo que pasa en la intimidad del claustro materno, quiero aquí hacer énfasis de la importancia del diálogo materno fetal (y paterno fetal, que también lo hay, aunque es otro diálogo obviamente más distanciado).


¿Y cuándo comienza el diálogo entre la madre y el futuro hijo? Personalmente, creo que este diálogo -fundamental para el establecimiento de los venideros vínculos materno-filiales- empieza muy pronto, incluso antes de la concepción. ¿Cómo? En el preciso momento en que los potenciales progenitores deciden ir a buscar descendencia.

Así, antes de que materialicen su unión carnal fecundante, cada miembro de la pareja ya está pensando en este ser que ha de venir y que ahora sólo es una entelequia que cobra vida en la mente de cada uno de ellos. "El niño-a-nacer" ya está representado en la conciencia vigil y en los sueños anhelantes de los futuros procreadores. Luego, más adelante, la ecografía obstétrica, se encargará de certificar la realidad del ser que habíamos recreado virtualmente en nuestra imaginación.

La moderna tecnología médica nos permite ahora objetivar en 3D, en color, en movimiento y en tiempo real, el niño que se está engendrando. Se acabaron las fantasías que antaño alimentaba la pareja, los abuelos y los futuros padrinos, de si será niño o niña, porque ya sobre el quinto mes de embarazo se puede conocer el sexo del que va a llegar. Así que lo que se ha perdido en misteriosa ilusión, se ha ganado en ventaja para los familiares que han de preparar la canastilla.

Este diálogo -sin palabras o con palabras, no importa- entre madre e hijo, es un prototipo único de precoz comunicación entre una mujer que lleva en su seno una vida que es suya y, al mismo tiempo, independiente. Es un diálogo íntimo y profundísimo entre dos seres en una misma carne. Son estas horas de soledad y recogimiento en que la mujer toma plena conciencia de que existe "otro" dentro de ella. Y piensa cómo será, la compañía que le hará, las venturas y desventuras que le causará. Además nota cómo se mueve serpenteante o golpeante en su vientre (¡maravilla de las maravillas, que los varones sólo podemos comprender, pero no sentir!).

Entienda el lector que el hijo es una realidad para ella mucho antes que para el padre. No olvidemos que la mujer es la "primera casa" de todo ser humano. El varón progenitor -que ya ha visto gozoso a su hijo en el monitor de la ecografía-, tendrá una mayor percepción de la realidad del mismo a los cuatro o cinco meses de gestación, cuando le avise su mujer para que ponga delicadamente la mano sobre su vientre y perciba los movimientos fetales.

Mire si es importante el cómo se realice esta comunicación entre madre y niño intrauterino, porque de ésta dependerá bastante el cómo serán las futuras relaciones familiares. Y su sentimiento de sentirse seguro en la familia. Así, la futura vida emocional del niño dependerá de los pensamientos de la madre para con su hijo. La seguridad, la timidez, la ansiedad, el temor... y prácticamente todos los rasgos del carácter se están preformando en el niño en relación directa al estado emocional de la madre (independientemente de los rasgos hereditarios que transmitan los genes).

Con esto quiero decir que son extraordinariamente importantes las relaciones de pareja durante el período de embarazo. Una buena armonía de los futuros padres es garantía para el equilibrio emocional del futuro hijo. Por el contrario, las continuas discusiones, broncas, enfados, maltratos o abandonos de la mujer embarazada son, de alguna u otra forma, captados por el niño intrauterino y le predisponen a futuros trastornos emocionales. Sin duda, nacerá inseguro.
Para saber más sobre este tema:

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